VÍA DE LA PLATA
Hola vitiamigos:
Tras sortear problemas varios, bajas significativas, frío mañanero y nocturno y una meseta más llana que nunca tengo el placer de comunicaros que vitisenderismo ha nacido sano. Y sí su gestación tuvo lugar, como no podía ser de otra forma, bajo el cobijo de las sopas de ajo y el tinto de la taberna castellana, su eclosión definitiva se produjo con una vista inconmensurable de la bella Zamora. Pero hasta poder observar la cúpula bizantina de su catedral tuvieron que pasar algunas cosas que relataré a continuación
Vitisenderismo tenía como objetivo colonizar el camino que une Salamanca con Zamora, parte de esa vía de la plata romana que por motivos comerciales fue fundiendo culturas en una ruta milenaria que se une con el xacobeo en Astorga, pero que también puede seguir hacia el norte hasta morir en Gijón o incluso desvíarse por puebla de Sanabria para venir a donde vienen casi todos, al Obradoiro.
La capacidad de convocatoria en este caso fue casi nula. Miembros distinguidos de vitibici argumentaron excusas ante el compromiso de caminar en pleno Diciembre, se intentó captar a un número amplio de vitiperegrinos, pero finalmente sólo vitiRícar y yo nos pusimos en marcha.
La credencial de peregrino la recogimos en una Salamanca tan cargada de turistas como siempre. Su estampa es bonita, es la ciudad castellana más presumida, y uno recordaba ciertas calles de Santiago que se le antojaban cercanas.
Poco debo contaros del paisaje, todos conoceis lo que significa la meseta, la vista alcanza hasta límites insospechados, las rápaces planean tranquilas jugando con el viento, ya lo dijo Machado (son tierras para el águila un trozo de planeta por donde cruza errante la sombra de Caín) que luego tomó extremoduro en una de sus canciones. Las huras de topillo menudeaban a nuestro paso, y la hospitalidad de las gentes, ya siento decirlo, no era precisamente de las mejores que he encontrado. La respuesta seca, la mirada de desdén hacia el forastero, hacia lo diferente, hacia lo nuevo, elementos ajenos que interfieren en la calma viciada de sus gentes en Invierno, en este puente de matanza. Ni un solo vecino se ofreció a enseñarnos el resultado de su matanza, más bien al contrario las puertas se cerraban, y la mirada se desvíaba ante el paso del vitiperegrino.
Menudencias al margen, no se ha pasado frío en los albergues, y no se ha hecho gracias al pilar incuestionable de la asociación: cada noche, al cobijo de la fonda de turno, el vino comenzaba a correr por nuestros cuerpos, y lo hacía suave, como alivio ante el frío del albergue, donde tenías que enfrentarte a una noche de las de cielo abierto sin más defensa que una manta zamorana. Verbigracia, el sabor de la uva de verdejo difiere de la del blanco zamorano, al igual que la uva albariño o el blanco de ribeiro. Pero el señor Aurelio, dueño de la fonda y hombre de imaginación irreductible, defendía el blanco de su tierra por encima de los blancos gallegos e incluso de los de Rueda o La Seca, que a nuestro modesto entender superan con creces al blanco de tierra del vino. También bebimos gustosos vino tinto de la tierra del vino, porque no olvideis que hemos cruzado a pie la tierra llamada "del vino" donde hace no tantos años las cepas atormentaban el suelo, magnífico para el cultivo de la vid. Lamentablemente hoy día pocas ascuas quedan de aquellos fuegos, la uva se pagaba a precios irrisorios y estas se tuvieron que arrancar para modelar la tierra en torno al grano eterno de Castilla. Cepas centenarias siguen viéndose, y todavía llegan a dos millones de kilos en tinto.
En todo caso, unos cuantos vinos servían de arma contra el frío, que hacía mucho. Y de paso la asociación iba reforzando su peso y presencia en la tierra. Tengo que decir que alguna noche, y debido a las heladas nocturnas, el vino estuvo acompañado de algún gin-tonic que cooperaba en su lucha contra los sabañones. (a falta de aceite de ricino).
Toda una sorpresa resultó el encuentro con Tarran y NAtali, de Irlanda y Canada respectivamente, que también andaban caminando por estas tierras y con los que compartimos cena, vino y partida de mus. Las grandezas del camino.
Y en estas el camino seguía, y Zamora quedaba cerca, hasta que finalmente, como os decía al comienzo, la catedral se abrió majestuosa y nos volvió a pasar lo que pasa siempre cuando entras a una ciudad caminando, que esta te parece más bonita que nunca. Las aguas del padre Duero, más maduro que en el pueblo, se extienden grandilocuentes a los pies de la ciudad, y el puente de piedra sirve de marco perfecto para echar un último vistazo a la ciudad, al río, al trocito de vida que también existe entre Salamanca y Zamora, entre el Tormes y el Duero. Esta es la historia del nacimiento de vitisenderismo, buen viticamino amigos.
Las fotos llegarán, lo prometo.
Rober
